Los espíritus de la Navidad

26 12 2014

De mi huraña actitud hacia la Navidad, adquirida tanto por circunstancias personales como por costumbres circenses que veo desarrollarse a mi alrededor, he evolucionado hacia un dejar hacer e incluso un disfrutar de algunos momentos, acompañada esa tendencia mía, siempre, por un infranqueable portazo contra la invasión de mi intimidad en horas que no deseo pasar como los demás ni con los demás. A estos demás, los vivos, les dedico atenciones -antes y ya al filo de la Nochebuena, y una vez pasado el 25-, y luego me meto de lleno en el disfrute amistoso, del 1 de enero en adelante, que suele coincidir con venidas del personal que resultan muy gratificantes. Estamos todavía aquí, venid y abracémonos, brindemos por ello, qué suerte que ya termina esto, qué trajín, uf, cuánto compromiso.

Los espíritus que me visitan durante estas jornadas no son los de mis queridos muertos, que esos están todo el año, como un forro adherido a la epidermis, algo que si aprietas aquí, o ahí, te devuelve inmediato tal nombre y tal día. Una presión en la mano, un repentino calor en la base del cuello.

Me visitan, puntualmente, recuerdos de Navidades que sí disfruté -no cuento aquellas en que mi hermana era la persona a quien mi presencia hacía disfrutar, y eso era sagrado-, y me doy cuenta de que todas están relacionadas con la lejanía y la visita. Es decir, cuando vivía habitualmente en Beirut la fiesta me era tan indiferente como en Barcelona, los niños me parecían igualmente gritones y las familias tan empoderadas del contexto como en otra parte. Pasaba por entre los árboles iluminados y bajo las cenefas multicolores con el mismo desapego con que transito por aquí. Sin embargo, una Navidad chilena con calor y puestos de baratijas en las calles, una amiga a la que ayudabas a preparar la mesa… Eso, sí. Otro espíritu bajo la piel, por cierto.

Y está el arte. El Mesías de Händel en un auditorio romano, el tríptico de Caravaggio en la iglesia de San Luigi dei Francesi, el azul veneciano de una virgen estática recibiendo la  noticia del ángel. Una cascada de bombillitas, cayendo como copos de nieve sobre una fachada medieval. Un cuarteto de cuerda en una plaza.

Todas esas vivencias vuelven a mí cuando me encierro en mi fortaleza y ha sonado la última llamada telefónica o el último whatsupp deseándome Felices Fiestas. Ráfagas de Navidades mías, únicas e intransferibles. Y villancicos de película. Me gusta mucho la costumbre de cantar villancicos en la calle. Tengo  para siempre, qué tontería, os parecerá, a Julia Roberts y Susan Sarandon cantando en un corro, con mitones, ¿era en Quédate conmigo?  Igual que tengo el taconazo de Pelé en Evasión o victoria: no hace falta que te gusten la Navidad ni el fútbol para disfrutar con ello.

Así he pasado los días recientes: comida normal -el arte de no empacharse-, bebida razonable, saber que los amigos están ahí fuera, listos para el reencuentro, y, por supuesto, un salvavidas a mano: una buena serie inglesa de asesinos múltiples.

Os deseo lo mejor en los días que empiezan.



Muy feliz día de Sant Esteve

26 12 2014

Acabo de despertar, como quien dice, y tengo que desayunar o me desmayaré. De modo que voy a por ello y en un rato os escribo una cosica bien sentía.



Faltan bisturíes y sobran tiritas

18 12 2014

Aquí tenéis el primer párrafo de mi atrtículo de hoy:

Me pregunto por qué me produce tanta grima, en estos tiempos, esa cena inocente y navideña en la que sus señorías y los periodistas que cubren información parlamentaria comparten manteles, y los primeros reciben ocurrentes premios –que agradecen con no menos simpáticas réplicas–, instituidos por los segundos, en un ambiente distendido y natural. Nunca me había despertado urticaria estética –por lo menos– una celebración que pretende fomentar el buen rollito entre unos y otros, ser ejemplarizante y a lo Obama contando chistes para washingtonianos en la Casa Blanca ¿O se debe, precisamente, a esto último, a que no soporto que confraternicen? De qué demonios de buen rollo hablamos considerando, a), que la mayoría de los políticos que deberían representarnos nos están asfixiando; y b), que los periodistas –que nos representan en el mismo grado e, idealmente, para incomodidad de los poderes públicos– nunca han tropezado con más dificultades para realizar decentemente su trabajo.

Podéis leerlo entero, como cada jueves, en eldiario.es.



Habrá que tirar de la cadena

11 12 2014

Aquí va el primer párrafo de mi artículo de hoy:

Resulta difícil imaginar, y eso que tenemos una amplia panoplia en donde elegir, un corto período de tiempo más repugnante que el que nos ha tocado vivir  en las últimas jornadas, desde el puente de la Purísima Constitución hasta el Día Mundial de los Derechos Humanos permanentemente violados, que celebramos este miércoles. Apesta la España oficial, y apesta hacia abajo, y sobre todo nos asquea la sospecha de que el hedor puede recrudecerse y convertirse en algo mucho más retorcido que un pestazo o que una epidemia. Sospechamos que puede llegar, esta sarna moral, a formar parte de nuestro cuerpo, como una descomposición de la carne que nunca cicatrizara, o un sarpullido vergonzante en la piel que no dejara de reproducirse, o un servil tullimiento de la columna que nos vertebra, o un insistente anublado del trigémino que confundiría algunas de nuestras percepciones para siempre.

 Podéis leerlo completo, como cada jueves, en eldiario.es


Nuestros débiles orgasmos judiciales

4 12 2014

Aquí va el primer párrafo de mi artículo de hoy:

Si me pusiera zafia hasta la incertidumbre podría equiparar nuestras alegrías judiciales a esos orgasmos tontos que se producen después de un coito decepcionante con una persona que prometía excitar en privado al menos lo mismo que sugería a primera vista. Si la Justicia, la nuestra, me pone y nos pone –o así debería ser–, sus muy esperadas resoluciones llegan tan tarde y después de un trajín tan poblado de espinas que más que provocar un estallido de jugos vitales y otros gozos nos dejan fláccidos, sudorosos y preguntándonos si esto va a ser así toda la vida.

 El resto, en eldiario.es, como cada jueves.