Fusilados de 1975, y frío en el alma

27 09 2014

Leo en un Interviu, en un aniversario de aquella siniestra matanza:

“En Barcelona, fue ejecutado Juan Paredes Manot, Txiqui, de 21 años, y en Burgos, Ángel Otaegui, de 33. Ambos, acusados de pertenecer a ETA. En Hoyo de Manzanares (Madrid), José Luis Sánchez Bravo, de 22 años, Ramón García Sanz, de 27, y José Humberto Baena Alonso, de 24, miembros del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP). Las condenas a muerte, dictadas por tribunales militares, estaban decididas de antemano. Ni el clamor internacional pudo pararlas.”

Recuerdo aquellos días, las protestas, los llamamientos internacionales, pero sobre todo recuerdo el manto de ceniza que cayó sobre nosotros, sobre la España que no mandaba ni se enriquecía.  La oscuridad parecía carecer de límites, la sangre de aquellos hombres jóvenes pintaba de dolor nuestras paredes, alma adentro. La desesperanza.

Me dije que no aguantaba más y me fui a París, a respirar, a recorrer las sofás y los lechos auxiliares de los amigos, muchos de ellos en el exilio, a hacer cosas tan simples y aquí inalcanzables como conectar la televisión y escuchar un apasionado debate, libre, libre, libre, sobre todo tipo de ideas. Mientras estaba allí Franco empezó a pudrirse en la cama -su cuerpo: su mente siempre fue una gusanera-, que fue como morirse encima de todos, soltando sus heces, y quienes le habían acompañado empezaban a preparar que su transición a la democracia resultara lo menos costosa posible.

Sentencias de muerte. Nunca de olvido.



Emma Watson sobre feminismo

25 09 2014

Su discurso en la ONU: Vale la pena.



El arrogante desafinado

25 09 2014

Así empieza mi artículo de hoy:

Amadísimos hermanos y hermanas, he de haceros una confesión. Y es que, desde que él es ex, pero que muy ex, y a pesar de todo lo que ha dejado colgando, a pesar del pérfido Gobierno que le cobijó y que sigue en la enfangada brecha; y del cizañoso presidente que le dio la espalda, y que continua pendiendo sobre nuestras cabezas… A pesar de todo ello, desde que Alberto Ruiz-Gallardón anunció su pataleta final llevo horas y horas sin dejar de experimentar un orgasmazo continuado y venturoso tal que, por ser sin pareja y sin manos, no tengo más remedio que admitir como tántrico. Me estoy yendo de gusto cada vez que le veo, en mi mente, irse de disgusto.

El resto, si os apetece leerlo, lo encontraréis en eldiario.es



No bajéis la guardia: ellos no lo harán

18 09 2014

Así empieza mi artículo de hoy:

El envasado al vacío, o lo que sea que le hayan hecho al proyecto de Ley contra las Mujeres del ministro Gallardón, obedece más a una maniobra electoral que a un repentino ataque popular de centrismo, cosa que por otra parte ignoro en qué consiste. Pero el Gobierno cree que ello se da en sus senos peludos, o que pueden simularlo, amparándose en democristianos y otros excedentes de la UCD y el CDS refugiados en sus entrañas; o en sus comunistas arrepentidos. Y ahí está el Procedimiento Camuflaje, templándoles las gaitas a las partes blandas del partido –y de la sociedad más reaccionaria pero indecisa–, para que no se asusten: también lo intentan con el frenazo a lo de los alcaldes, y con lo de anunciar que se están pensando volver a pagar la extra de Navidad a los funcionarios, a partir de 2015. Son tretas, argucias, tácticas, añagazas y, también, aspavientos. No convicciones. Las suyas están muy claras desde que amasaron la mayoría absoluta, y son muy otras. Tarde o temprano acaban por sacudirse la harina que camufla sus zarpas.

Entero lo podéis leer, como siempre, en eldiario.es



Apuntes 3

16 09 2014

Mercado de fruta y verduras, Gran Canal

 

 

 

 

Hay algo placentero -llamadme conformista, llamadme sabia- en reconocer que mi actividad física se reduce a dar cortos paseos con muletas pasillo arriba y abajo (con un bolso pequeño colgado del cuello para llevar los teléfonos), y, ya de nuevo en la posición de a sus órdenes, doctor, deeeescanseeen, apretar los muslos para relizar modestas pero constantes contracciones para reforzarme isométricamente hablando.  Reconocer que las millas y kilómetros que puedo recorrer en este estado -por largo que sea el tiempo, tiene arreglo quirúrgico, no me quejo- son de nubes y vientos, de recuerdos y caminos en el agua. Por consiguiente -oh, latiguillo del Jarrón Chino Cebolleta-, dedico mis fuerzas a tareas que se encuentran a mi alcance. Y estos días me ha dado por archivar. Ya que no puedo con los papeles ni las carpetas ni los libros, dedico mi intangible talento a poner orden en ese otro armatoste, el digital, cuyo contenido ha ido creciendo en tropel. ¿Os acordáis de cuando usabamos cámaras con tarjeta, antes de que los móviles nos metieran en el lugar sin límites, o sin otro límite que la evanescencia? Pues bien, sí: montones de diminutas SD, de muchas marcas, algunas my exóticas: Toshiba, Kingston, Dikom, Lexar,  Sandisk, Kodak, Pretec, Peak, MC,  All Around… Made in Taiwan o en cualquier otro sitio con mano de obra barata. Da lo mismo, han servido para preservar mi memoria en un soporte externo. Parte de ella, porque tengo varias cajas grandes con fotos de papel, de las que he escaneado solo una mínima porción, la imprescindible: infancia, adolescencia, juventud. Las Kingstom me las proporcionaba Mohamed, un beirutí del barrio chíi de Haret Hreik, que cuando los bombardeos israelíes del verano de 2006 se quedaba a dormir en la tienda de fotografías de Hamra, en donde trabajaba.

Claroscuros

Resulta apabullante la revisión metódica, por países, por momentos. Naturalmente, dada mi torpeza, me he salvado de tener que clasificar muchísimas más, pues antes de la foto digital fui muy torpe, y sólo tengo fotos que me hicieron. Desde que surgieron las facilidades y comprendí que fotografiar era mejor que tomar notas, es una avalancha, una inundación.

Una feliz inundación.

Y también un ataque de pánico, relacionado con el líquido elemento. ¿Dónde demonios están las fotos que hice durante mi estancia en Venecia, a finales del invierno de 2009, para encontrarme allí con Irene y Francesca? Como suele decirse, al comprender que podía haberlas perdido “un sudor frío me cubrió de pies a cabeza”.  Recordé los cambios de ordenador, por defunción del mismo, los reseteos… Plot, plot, plot. Afotunadamente recordé que había trasdisqueado -traspapelado era lo otro- el disco duro externo que en un momento de lucidez me compré, y al que no hice ni caso, fascinada por los pen que poseo a decenas, soy incorregible.

Y aquí está: Venecia. Os diréis: canales, góndolas, puentes con o sin suspiros, la hermosa planicie de San Marcos. Yo recuerdo, aunque no los fotografié, los empinados peldaños que conducían al vestíbulo del hotelito -sin calefacción,

Aire para el espíritu

modesto, ¡pero en el Gran Canal!-, los interminables sube y baja en los embarcaderos, y, con toda mi admiración, a las mujeres que van al mercado y arrastran sus compras con el carrito por las callejuelas, las escaleras, los vaporetti… Son heroínas, como tantas otras, aunque no lo sepan. Si yo fuera una buena fotógrafa, hoy estarían aquí. En su lugar, otras cosas.

Lo más emocionante de este recorrido mío es que he descubierto fotografías que había olvidado que poseía, o que alguna vez me poseyeron. De ellas os hablaré más adelante, en estos Apuntes que me sirven para apuntalarme por dentro, para asirme a aquello  a lo que pertenezco, y que se revaloriza cuando sé que lo quiero compartir.

Memorias, salvavidas, cuerdas de aquellas que antes iban de balcón a balcón, intercambiando mercancías.